La Mina: Rehabilitació social i urbanística de l’espai comunitari

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Centre d’Art Santa Mònica. 14 de desembre de 2000

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Con motivo de la clausura de la exposición de Ramon Parramon “Territoris ocupats” en el Centre d’Art Santa Mónica de Barcelona se organizó un debate en torno al tema “La Mina: Rehabilitació social i urbanísitca de l’espai comunitari” el día 14 de diciembre del 2000. Moderó el debate Ramón Perramón e intervinieron Carlos Guerra, artista, José Fco. Marín, antropólogo, José María Monferrer, educador y Montserrat Pujol, pedagoga.
Esperando poder ofrecer todas las intervenciones del acto, iniciamos hoy la exposición de José Fco. Marín.

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El movimiento vecinal en el barrio de la Mina (Sant Adrià de Besòs. Barcelona) 1972-2000 y la rehabilitación integral.
Encontraréis un cierto cambio en los temas que nos asigna el programa del acto a Josep María Monferer y a mí. Cuando nos hemos reunidos para relacionar nuestras respectivas exposiciones y, sobre todo, para no repetir temas y cuestiones, acordamos que yo, además de la historia del movimiento vecinal de la Mina, abordaré la cuestión de los planes integrales aprobados para la rehabilitación del barrio. Este tema, en principio, según el programa, le estaba asignado a él. Josep María, por su parte, expondrá la cuestión de la ghetización: la génesis y consolidación de la Mina como gheto urbano.

Muchas de las caras que veo en la sala me son conocidas. Además, son personas que por diferentes causas siguen estando relacionadas con el barrio y conocen perfectamente sus problemas al día de hoy. Por ello, quisiera aclarar que mi exposición y análisis se refieren, especialmente, a los hechos que conocí en su día. El desarrollo posterior es mejor conocido por cualquiera de los asistentes que sigue estando presente en la vida diaria del barrio que por mí. El diálogo posterior a las exposiciones, bien seguro, nos enriquecerá a todos.

Las ciencias sociales en la “distancia metodológica” que establece con su objeto de estudio desvela y hace presente una dimensión constitutiva de la “realidad”. Es una perspectiva “científica”, “verdadera”, “objetiva” de los hechos. La ciencia tiene su parte de “verdad”, pero ella no alcanza con su método toda la realidad, ni tiene todos los elementos que puedan explicar y transformar por sí solos lo más profundo de la realidad social. A parte de la “científica”, hay otras miradas sobre los hechos sociales que penetran su esencia. Tener presente estas otras miradas es esencial. De ahí mi interés, incluso desde el análisis de las ciencias sociales, por establecer diferentes y diferenciadas “distancias metodológicas”. Y, sobre todo, mi inclinación por conocer las “miradas” de los que viven y participan en los hechos que desde las ciencias se analizan.

Como antropólogo a mí me gustan las historias. A veces, la misma antropología, su metodología, está más cercana a la mitología que a la ciencia. La mitología nos transmite el sentido de las cosas. Con frecuencia, en las ciencias sociales nos interesa más que el propio hecho histórico, el sentido de los hechos. Yo comenzaría con una historia personal, contada oralmente por su protagonista, como suele hacerse en antropología. Una historia que debiera comenzar desde donde la persona recuerda su vida hasta el momento de nuestro encuentro. Después nosotros desvelaríamos el sentido de esa vida desde sus propias palabras. Hoy contaré un aspecto de la “historia del barrio”, pero lo que, en verdad, me importa de todo ello, por encima, incluso del propio sentido, es la suerte de las personas que la han vivido, aunque ello suene más a una preocupación ética que a una visión científica. Comenzaré mi historia por el final. Al señalar los problemas que asuelan el barrio y, más aún, al indicar el camino por donde han de ir las actuaciones que solucionen los problemas, tomad mis afirmaciones como un simple intento de poner sobre la mesa “palabras” que de pie a “otras palabras” para entablar, entre todos, un “diálogo” del que nazcan pautas para la transformación participada de la realidad. Una búsqueda, en diálogo, del sentido de los hechos y de nuevos caminos capaces de reelaborar la realidad en sentido positivo para los que actualmente la padecen. Para todos, pero, de manera especial, a favor de los más jóvenes, porque tienen toda una vida por delante.

Es cierto que las ciencias sociales, desde esa “distancia metodológica” que genera una “objetividad” donde se positiva y hace visible la verdad de los hechos, son (pueden ser) una ayuda inestimable para indicar la naturaleza de los problemas y el camino a seguir para solucionarlos. Ello tiene su parte positiva e imprescindible en ciertas actuaciones públicas. Pero la dimensión “científica” de la realidad no configura toda la esencia de la realidad. Ni es toda la realidad, ni contiene todos los elementos que pueden realmente transformarla. Respecto a los hechos sociales, no es, simplemente, en el distanciamiento metodológico donde únicamente se hace visible y diáfano el “sentido” (la naturaleza) de los acontecimientos. Entendemos que la dimensión histórica es un elemento sin el cual nunca es posible llegar a explicitar la “verdad” de los hechos sociales. Y la historia necesita “distanciamiento metodológico” y “presencia”. Ambos elementos, tomados de modo excluyente, pueden conducir a caminos sin salidas. El arte en el correcto manejo de ambos complementariamente nos puede acercar a lo realmente acaecido. Espero que Carlos Guerra hable, en su intervención, de todo ello. De la complejidad y perversión del uso de la imagen; del discurso, “científico” y/o “artístico”, sobre la realidad.

Yo diría que La Mina es hoy un barrio que sufre una fuerte fractura social. Esta fractura es de tal calibre que la población, con comillas, “normalizada” está viviendo bajo la ley del silencio. No es protagonista, en absoluto, de la vida en el espacio donde vive. La población “normalizada” no es el referente de las pautas “públicas” de conducta, ni su “rol” familiar y laboral marcan la “cultura” del medio, del barrio. El sector de población “dueño” del territorio es el grupo vecinal, más o menos desestructurado, vinculado a un poder fáctico, mafioso. Este grupo desestructurado y dependiente del núcleo “mafioso” no es un bloque homogéneo, ni étnica ni socialmente. El común denominador que los identifica es la vinculación dependiente, económica y social, al grupúsculo que detenta el “poder” fáctico, mafiosamente, en el barrio,

Un grupo se impone (oprime) al resto vecinal que evita la explosión de los conflictos latentes con el silencio y renunciando a utilizar el territorio como espacio propio, recluyéndose en sus viviendas y utilizando el barrio como “espacio de reclusión y exclusión social”. Es una dialéctica social de opresores y oprimidos. Este es, a mi entender, el diagnóstico esencial. En un plan de actuaciones, la “acción primordial” pasa por la recomposición de la fractura. La devolución del protagonismo comunitario a los sectores vecinales “normales”. Esta realidad social es tan perversa como aquella interpretación social (”científica”) de La Mina que, años atrás, entendía que cualquier familia o persona no “estructurada” social o económicamente era, en esencia, un “mafioso”.

Es cierto que la mayoría de vecinos de la Mina es una población obrera, socialmente “normalizada”. Vive su vida en los metros cuadrados de su piso y, hoy por hoy, no es dueña de la calle, ni son protagonistas de la vida del barrio. Guardan silencio y transparentan su presencia.

¿Cómo se ha llegado a esta realidad que acabamos de describir? ¿Cuál ha sido el devenir del movimiento vecinal hasta el punto de no contar para nada en la vida social del barrio de la Mina? Es un largo y proceloso discurrir, nunca fácil, a través de 30 años de historia, en circunstancias económicas, políticas y sociales muy complicadas y difíciles. Hoy día, y algunos de vosotros protagonistas, la única representación e interlocutor vecinal de la Mina con las Administraciones públicas es la Plataforma de Entidades. Como su nombre indica es un colectivo en el que se agrupan las diferentes entidades y colectivos de naturaleza cultural, educativa, social, sanitaria, deportiva,… pero que, aunque la Asociación de vecinos está presente en ella, no es representativa de los vecinos del barrio en cuanto “vecino”. Es cierto, como veremos, que dicha Plataforma responde a la tradición del movimiento vecinal de la Mina, pero no es “la representación vecinal”. Esto no resta valor e importancia al “rol” que están jugando actualmente y que, algún día el barrio se lo agradecerá. Respondiendo a una larga tradición, la Plataforma, mayoritariamente, está formada por profesionales que entienden que su trabajo no acaba con su labor “profesionalmente” realizada, sino que les lleva a un grado de compromiso personal con los vecinos y la suerte del barrio. Son personas que lo único que no hacen en el barrio es dormir. Frente a ello está ?en el seno de esa fractura social que hemos descrito- la desertización de cualquier clase de movimiento vecinal mínimamente representativo ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo se ha llegado aquí?

El movimiento vecinal de la Mina tiene una larga historia. Podemos decir que comienza con anterioridad al asentamiento de los primeros vecinos en el barrio a través de la participación de los propios barraquistas en el sorteo de las viviendas y asignación de bloques y porterías. Algunos de ellos llegan al barrio vinculados aún a reivindicaciones populares recientes en el grupo de barracas. El año 1972, cuando comienza la ocupación de los pisos de la Mina Nueva, antiguos miembros de la Asociación de vecinos del Campo de la Bota fundan la Asociación de vecinos de la Mina. Algunas de las personas que la fundan tienen cierta vinculación con organizaciones políticas de la dictadura franquista (Camisas Viejas, Falange, Policía..). A pesar de todo, en la Mina, como en tantos otros lugares, la asociación vecinal consigue ser un espacio de lucha social y, en el fondo, de oposición popular a la dictadura franquista. Y sus miembros más activos están vinculados a grupos de izquierda en la clandestinidad (PSUC, UCL, PT, PSC, …), así como comunidades cristianas de base que viven en el barrio. Muy pronto se relacionan con la naciente Asociación trabajadores sociales que realizan su trabajo en la Mina. Las reivindicaciones de la Asociación de vecinos del barrio están coordinadas, durante estos años, con las de los movimientos sociales de los barrios colindantes, de los municipios de Barcelona, Sant Adrià. Badalona y Santa Coloma.

A finales del año 1973, se produce en la Asociación de vecinos una fuerte confrontación entre las personas que forman la Junta directiva, cercanas al Movimiento Nacional, y los socios y vecinos vinculados a grupos políticos clandestinos, de diferentes tendencias políticas, y miembros de las comunidades cristianas de base. Logran que se marchen de la Asociación casi todos los miembros de la Junta directiva anterior e inician una oposición política y lucha vecinal mucho más radicalizada. Los grupos de trabajadores sociales del barrio (maestros, educadores, asistentas sociales, …) se vinculan cada vez más al movimiento vecinal. Esta fuerza vecinal mantendrá durante largos años el carácter de agrupación fuertemente cohesionada de vecinos y profesionales sociales.

Este movimiento vecinal cohesionado, con diferentes etapas y momentos, permanecerá hasta el año1979. Tras la muerte de Franco, los años de la transición democrática radicaliza determinadas luchas vecinales de la Mina al desentenderse las diferentes Administraciones públicas (Ayuntamiento de Barcelona, Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, Diputación, Corporación Metropolitana, Generalitat) de los problemas del barrio. Son tiempos de traspasos de competencias y todas las Administraciones, en tanto que pueden, escurren el bulto ante los graves problemas sociales y urbanísticos que tiene el barrio. Los vecinos llevan a cabo medidas límites: ocupación del Patronato Municipal de la Vivienda, del Ayuntamiento de Sant Adrià, acampadas en espacios públicos, campaña de no pagar las mensualidades de las viviendas ….

El año 1979 se celebran en todo el Estado español las primeras elecciones democráticas al gobierno municipal. Y a partir de ahora el movimiento vecinal tomará nuevos caminos y presentará características nuevas. Muchos líderes vecinales se incorporan a las estructuras políticas locales de sus respectivos partidos. Clandestinos hasta hacía relativamente poco tiempo, toman parte, como candidatos, en las primeras elecciónes democráticas a los gobiernos municipales. En Sant Adrià de Besòs, tras las elecciones, la mayoría de estos líderes vecinales formarán parte del primer gobierno municipal democrático. Las asociaciones vecinales quedan al descubierto de responsables en muchísimos lugares. En Sant Adrià se forma un gobierno de izquierda (socialistas y comunistas). Dura poco el consenso entre ellos y los políticos comunistas, anteriores líderes vecinales de la Mina algunos de ellos, roto el pacto de gobierno municipal, se reintegran directamente a la lucha vecinal frente a las Administraciones democráticas. En el seno de la Asociación de vecinos de la Mina este retorno significará un enfrentamiento en su seno entre los diferentes grupos partidarios de uno u otro grupo político.

El periodo que va del 1979 al 1981 está marcado por luchas y tensiones en el ámbito de la Asociación de vecinos. Lógicamente, estas luchas repercuten en el movimiento vecinal del barrio. Las tensiones entre los diferentes grupos son tan fuertes y tan viscerales que acaban generando posturas irreconciliables.

El 3 de julio de 1980 se lleva a cabo elecciones a la Presidencia de la Asociación de vecinos. El presidente electo lo es por 156 votos, frente a los 141 del otro candidato. La nueva Junta da de baja a los socios que no viven en el barrio, imponiendo un cambio en los Estatutos de la Asociación. Con este cambio se veta la presencia en la Asociación de vecinos de los profesionales que trabajan en el barrio.

Prácticamente la Asociación de vecinos queda formada por militantes del PSUC y simpatizantes. Sus objetivos se centran, primordialmente, en temas relacionados con la “legalización” de viviendas, pacto sobre “morosidades” de alquileres y problemas de familias hacinadas en algunos pisos. Los miembros expulsados de la Asociación, y quienes no están de acuerdo con la línea “excluyente”, se aglutinan alrededor de varios grupos de vecinos y profesionales, más o menos coordinados, de donde surgirán propuestas y reivindicaciones vecinales “sectorializadas”: sanidad, infancia y juventud, enseñanza y cultura. Estos grupos, respecto al tema urbanístico, se marcarán objetivos muy concretos como la rehabilitación, impermeabilizándolas, de la terrazas de los bloques de la Mina Nueva. Estas actuaciones vecinales quedan, totalmente, desvinculadas de la Asociación de vecinos. No quiere decir que este grupo fuera “pro ayuntamiento de Sant Adrià” frente a la Asociación de vecinos marcada, fuertemente, como “contraria al ayuntamiento”. Algunos de los líderes “excluidos” de la Asociación son militantes socialistas pero vinculados a núcleos “catalanistas”, en tensión con los provenientes del PSOE, de donde procede el alcalde de Sant Adrià por aquellas fechas y parte de sus concejales. Ello no dejará de crear tensiones y malentendidos dentro de la misma federación local socialista. En un momento determinado, parte de estos grupos “sectorializados” fundan y se aglutinan alrededor de la “Unió de consumidors de Catalunya”.

La Asociación de vecinos no soportará la nueva situación. Principalmente por dos motivos: primero, lo que, en parte, le daba un cierto respeto y reconocimiento ante las Administraciones públicas era la “coherencia” de las demandas presentadas, el “rigor” de sus argumentaciones, la “fuerza” de la estrategia con la que se llevaban a cabo las presiones y la facilidad para conectar con personas con responsabilidades en los espacios del “nuevo poder democrático”, a través de contactos personales. Casi todo ello se debía a los “excluidos”; segundo, los vecinos afectados por “legalizaciones”, “morosidades”, “necesidad de otra vivienda por hacinamiento”, en general, pertenecían a una tipología de vecinos con ciertas características “marginales”. O, al menos, así fue apreciado por el colectivo de vecinos más o menos “normalizados”. Ello coadyuvó a que cierto grupo de vecinos dejara de identificarse con la Asociación de vecinos. Esta dinámica social volvería a repetirse años más tarde. En esta segunda ocasión se diría, incluso, que incentivada por algún grupo político.

La muerte anunciada de la Asociación de vecinos se consuma, realmente, el año 1981. Las tensiones viscerales y los enfrentamientos irracionales, las descalificaciones de unos y otros y la expulsión de los “contrarios” ha llevado, finalmente, a tal desertización de la Asociación de vecinos que nadie acude a sus reuniones ni asambleas. La situación es tal que, en junio del 1982, con 649 personas inscritas, a la asamblea de socios, convocada para el día 7 de julio, no hay quórum. La vuelven a convocar para el día 31 de julio. Los anuncios y convocatoria con megafonía por todo el barrio, durante días, solo logra reunir a 39 personas, la mayoría no pueden legalmente votar. Vistos los hechos, se crea una comisión gestora que, prácticamente, mantiene cerrada la Asociación hasta el año 1987. Dicho año dos personas, militantes del Partit Comunista de Catalunya (PCC), abren de nuevo los locales de la Asociación a fin de hacer una lista de los vecinos, ocupantes “ilegales” de pisos, que querían normalizar su situación. Esta lista será muy últil años después.

En el año 1987 surge un movimiento vecinal de barrio conocido como la “Permanente de Vecinos”. Había nacido de un grupo de vecinos y profesionales sociales (maestros, educadores de calle, asistentas sociales,…) interesados por la suerte del barrio en el momento en el que se enfilaba, decididamente, la transformación de la zona en el horizonte de los Juegos Olímpicos del año 1992. Ellos entendían que había que motivar a todos los vecinos del barrio en la participación activa de la transformación anunciada. Y, además, que era la “asamblea de todos los vecinos” la protagonista de la participación. El grupo, abierto libremente a todos los vecinos, era la reunión “permanente” de la asamblea vecinal para recibir información, analizar los problemas y presentar los temas elaborados a la Asamblea de vecinos. A este grupo se unieron las dos únicas personas que se habían mantenido en la Asociación de vecinos. A partir de las actuaciones de la “Permanente de vecinos” vuelve a resurgir, oficialmente, la Asociación de Vecinos. La Permanente se encuentra con el problema de que las Administraciones públicas le exige, en los pactos y reuniones, el requisito de una “constitución legalizada”. Todo quedaba resuelto con el sello de la Asociación de vecinos. Tras un periodo “constituyente” para los efectos legales la Permanente se transformó en la Asociación de vecinos con todos los requisitos legales actualizados, aunque en las actuaciones de barrio se siguen autodenominando “Permanente (de la Asamblea) de vecinos”. Sus actuaciones duran, más o menos, hasta el año 1993. A partir de entonces el movimiento vecinal vuelve a decaer y languidece totalmente. Mas tarde, hacia el año 1998, los responsables de diferentes entidades sociales, deportivas, culturales y la Junta directiva de la Asociación de vecinos (sin socios reales) se coordinan creando la “Plataforma de entidades”. Ello sucede, en gran parte, empujados todos por la nueva transformación de la zona en el horizonte del anunciado “Fòrum de les cultures”. Hasta el momento no se puede decir que la “Plataforma de entidades” representa o es el movimiento “vecinal” del barrio. Acabamos explicitando, nuevamente, nuestra afirmación inicial: la Mina, en la actualidad, es un barrio socialmente fracturado. Esta fractura social es tan fuerte que impide, por el momento, un movimiento vecinal que represente a todos los sectores que componen su comunidad.

Nos hemos referido, suscintamente, a la historia del movimiento vecinal de la Mina. Ahora nos preguntamos ¿a qué problemas se ha estado enfrentando este movimiento vecinal durante todos estos años? ¿Cuáles han sido sus metas en los años que ha estado en activo? ¿Cuál ha sido su papel en los diferentes y variados “planes de reforma” aprobados por las Administraciones públicas?

Como sabéis, el año 1970 son ocupadas las primeras viviendas del barrio y a lo largo del 71 al 74 se prosigue la construcción de nuevos bloques, con fines bien distintos a los iniciales, y se asientan en el barrio gran parte de la población barraquista de Barcelona. La Mina fue el espacio principal del que se sirvió el alcalde Porcioles para erradicar el barraquismo de su municipio, de Barcelona.

El movimiento vecinal de la Mina en sus primeros años es fuerte y cohesionado. Está coordinado con los movimientos vecinales de la zona. Sus reinvindicaciones son múltiples pero destacan entre ellas las de carácter urbanístico y demanda de servicios sociales. Calles sin asfaltar, sin alumbrado público, carencia total de servicios sanitarios y transporte público … Un movimiento vecinal con las características de los del momento. No es simplemente un movimiento vecinal reivindicativo sino, además, solidario. Por ejemplo, cuando se ponen en huelga los trabajadores de la vecina y hoy desaparecida fábrica de motos Bultaco, los vecinos de la Mina apoyan la huelga y sus demandas laborales. La Mina es un barrio construido, como ya hemos dicho, para ubicar núcleos barraquistas de Barcelona y las autoridades promotoras han decidido realizarlo de una manera rápida y con el menor coste económico. Este tipo de actuaciones urbanísticas que caracterizaron la época del desarrollismo habido de los sesenta a los setenta, convirtieron el barraquismo horizontal en barraquismo vertical.

Para quitarse de encima el barraquismo horizontal Barcelona crea un gheto en el municipio vecino de Sant Adrià de Besòs. La Mina es un barrio en el que no se construye ni siquiera lo planificado y de estricto cumplimiento legal, según los planes urbanísticos vigentes, y ni tan siquiera se le dota de los equipamientos y servicios mínimos. El problema del hacinamiento en las viviendas es tan grave que, ocupado casi en su totalidad hacia el año 1974, ya en esa fecha el periodista José M. Huertas Clavería escribe: “La Mina recién nacida y casi abandonada”. Si reseñamos, simplemente, los titulares de la prensa de Barcelona del año 1974, veremos denuncias tan graves como ésta: “La Mina con una densidad mayor a Calcuta”. Pasa con la Mina, en cuanto “reforma social” del barraquismo, como con la actual reforma educativa, sobre todo en zonas periféricas. Recién nacida esta reforma se constata que lo creado es un “monstruo” que supera lo reformado.

El movimiento vecinal, durante estos años de la ocupación del barrio, se centra en dos objetivos: acabado urbanístico del barrio y creación de servicios y equipamientos. En esta lucha dan contra un muro. Podemos afirmar que desde el año 1972 al 1982, año en que se aprueba el primer Plan integral/ interdepartamental de la Mina, los problemas no sólo no han desaparecido sino que, en su mayoría, siguen siendo, aumentados, los del principio. Los problemas en esta larga década se han incrementado.

Los problemas en el barrio de la Mina son tan graves que todas las fuerzas políticas, por unanimidad, aprueban en el Parlament de Catalunya un “Pla d’actuació especial” que inicie la rehabilitación integral del barrio.

¿Qué es lo que ha contribuido a que todos los problemas iniciales se incrementen y agraven?

Una de las causas principales es la gran cantidad de personas conviviendo, sobre todo, en los grandes edificios de la segunda fase de construcción, hacinadamente. Las viviendas, acabadas de entregar, tienen patologías graves de construcción. Por ejemplo, los bajantes de aguas residuales, construidos por el interior de las paredes, amargan la vida de las familias. Los bajantes, las tuberías, por diferentes motivos de construcción están rotas o sueltas y las aguas residuales se filtran al interior de las viviendas por techos y paredes. Cuando un vecino “arregla” su problema, suele agravar más el de los demás. A los tres o cuatro años de inaugurarse el barrio, aquellas personas que, provenientes de barracas, esperaron ilusionadas ocupar un piso comienzan a pensar que la actual situación es peor que la anterior en muchos aspectos.

El Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, constructor y gerente del barrio, no está dispuesto a afrontar y solucionar los problemas del barrio. Primero, como hemos indicado, no acaba el barrio, segundo, no mantiene lo que ha construido y, tercero, seguirá, durante años, utilizando el barrio para que Barcelona siga teniendo un espacio hacia el que derivar “vecinos socialmente conflictivos”. La fuerte movilidad física de sus vecinos, familias que marchan y otras que ocupan el piso de la anterior, normalmente con problemas de desestructuración, han impedido una paulatina cohesión social del barrio. Los barrios vecinos de la Verneda y Besòs, por ejemplo, con los años la fueron adquiriendo. Y su población se ha identificado mayoritariamente con la “normalidad social” de la clase obrera

Al no resolverse estos problemas urbanísticos y sociales, las familias que económicamente pueden marchan del barrio. Y si la crisis económica no se lo permite van “cerrando” sus relaciones “incomunicándose” del medio.

La degradación de la Mina aumentó durante los años de la “transición política”. En el periodo de traspaso de competencias las Administraciones públicas (estatal, autonómica y municipales, la de Sant Adrià y Barcelona) escurren el bulto. El 16 de octubre de 1980, el primer gobierno democrático municipal de Sant Adrià y Barcelona llegan a un acuerdo sobre la gestión de la Mina. Los problemas que hereda el Ayuntamiento de Sant Adrià son tan graves que ello mueve a la aprobación del Plan Especial del Parlament de Catalunya dos años más tarde. Se puso en práctica, realmente, el año 1983. Podemos decir que las actuaciones sectoriales y los compromisos más o menos fervientes de las diferentes administraciones en el marco de este Plan Especial o Interdepartamental se mantiene hasta el año 1987. Y a partir de esta fecha se entra en un periodo de actuaciones que podemos denominar “Planes Integrales o Planes de Europa”

¿Qué problemas presenta en este periodo la Mina y cómo se enmarcan éstos en el contexto de los nuevos “planes “europeos” de rehabilitación integral”?

Desde el año 1986 nos encontramos en “el horizonte de los Juegos Olímpicos del 1992″. Barcelona ha encontrado el “motivo” para su transformación urbanística y la zona de expansión llega hasta los límites de Barcelona con Sant Adrià. La Mina es un “problema” a tratar. Y desde la empresa REGESA, técnicos vinculados a la extinta Corporación Metropolitana, planifican lo único que creen posible para la solución del “problema”: la demolición total o parcial de la Mina y la reubicación de sus vecinos “arreu de tot l’Estat espanyol”. Ello, finalmente, no se lleva a cabo y los planes se centran en la remodelación de las viviendas (bajantes, fachadas, centralización de gas y electricidad) y actuaciones sociales (paro, analfabetismo, delincuencia juvenil, …). Todo ello estaba contextualizado en la remodelación urbanística del “margen derecho del río Besòs en el municipio de Sant Adrià”, que, aprobada, nunca se llevó a cabo.

Aunque denominados “europeos” hay que hacer constar que nunca se alcanzó una partida directa de Europa para la Mina. Y los planes presentados nunca alcanzó el beneplácito último. Los recursos europeos en esta fase fueron “indirectos”, a través del Estado central, y los planes contra la pobreza y los Urban presentados fueron para otros lugares.

Las actuaciones llevadas a cabo en este periodo y bajo estos planes se cierran hacia el 1997, cuando Barcelona idea un nuevo “motivo” para seguir su transformación urbanística. Se señala un “Fòrum de les Cultures” a celebrar en el 2004. Y en este contexto se rediseña la nueva rehabilitación de la Mina. La planificación urbanística en la que se contextualiza la rehabilitación integral del barrio ha sido aprobada conjuntamente por los ayuntamientos de Sant Adrià y Barcelona. Es la época de los Consorcios: El Consorcio del Besòs se encarga de la transformación urbanística de toda la zona, tanto del municipio de Barcelona como del territorio de Sant Adrià. La rehabilitación integral de la Mina se lleva a cabo a través del Consorcio de la Mina. Dicho Consorcio está integrado por el Ayuntamiento de Sant Adrià, Generalitat de Catalunya, Diputación de Barcelona y, finalmente, por el Ayuntamiento de Barcelona.

Esta vez la demanda económica a Europa sí ha tenido un buen final y la remodelación integral de la Mina se contempla en el ámbito de un plan europeo URBAN contra la exclusión y la pobreza.

¿Cómo valorar las actuaciones que se diseñan y comienzan a llevarse a cabo en este nuevo marco del Fòrum de les Cultures y bajo la gestión del Consorcio de la Mina?

Pienso que ha habido cambios positivos, aunque no todos ni todas las administraciones piensan, hoy por hoy, la “rehabilitación integral” de la Mina de la misma manera y con los mismos objetivos. Esta soterrada discrepancia puede incrementar más aún los problemas. ¿De los diferentes planes posibles, por cual optarán, finalmente, las Administraciones públicas y cómo lo llevarán a cabo? A fecha de hoy no se sabe con exactitud.

Desde el análisis que hoy hacemos en esta mesa redonda a mí lo que me preocupa, fuertemente, es, por una parte, la ausencia de un verdadero movimiento vecinal en el barrio. Y, más que eso, la profunda fractura social. Hasta el momento, durante este periodo previo de pequeñas actuaciones urbanísticas y micro proyectos sociales, la ausencia de la participación vecinal se ha suplido a través de la Plataforma de Entidades, pero ellos mismos son conscientes de que se necesitan nuevos espacios para el diálogo y la participación vecinal que, hoy por hoy, no existen.

José Fco. Marín.

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