La batalla del Azufaifo de la calle Arimon, nº 7. Barcelona
Texto: Frank Jaireche
Fotos: José Manuel Marcos
En esta guerra de destrucción de la ciudad la batalla del azufaifo (en catalán, ginjoler, su nombre científico, ,Zizyphus jujuba) del barrio de Sant Gervasi es de gran calado. La larga historia de su salvación, condenado a muerte por los intereses especulativos de promotoras (Derribos Démeter!!. y la constructora Supportis) y autoridades municipales, podéis encontrarla en el blog de una de sus protagonistas: http://polis-zbelnu.blogspot.com/
Sus frutos aprovisionaron las tardes de otoño de muchos y su presencia alimenta el recuerdo y la identidad de los vecinos de Sant Gervasi. El azufaifo es un árbol con referentes mitológicos. “Es el árbol del confín, donde Mahoma tuvo la revelación, y según el Corán, más allá del azufaifo sólo está dios”. Es el árbol del amor en Persia; y con su madera sonora y moldeable se fabrica castañuelas, tenoras y oboes. La medicina china usa las azufaifas para dormir.
Con el run run de esta batalla, la lucha de un grupo de vecinos por librar a su ginjoler de la muerte por la guillotinada tala para construir un edificio, marché hacia el sur de mi infancia. Y allí encontré permanente en su espera varios otros azufaifos que silenciosos y transparentados siguen alimentando la infancia y el momento de otros niños y otras personas.
Y, en la distancia, tuve ganas de hermanarlos con el de Sant Gervasi
Pero al regreso, como toda vuelta que es una etapa en el camino sin retorno, encontré la clave de la atracción y reclamo del azufaifo de la calle Arimón, 7. Me encontré, de nuevo, con la historia de todos los días en esta Barcelona que se cree el ombligo del mundo y un referente de modernidad ¡con el turismo de masa! El esperpento de esta ciudad nos lo contaba una de las protagonistas en esta batalla:
“En mi experiencia con la batalla del azufaifo, he comprobado inevitablemente que en este país, los políticos no recuerdan que son empleados nuestros, que nosotros les pagamos, que no sólo tenemos derecho a votar y a mantenerles o echarles de sus puestos, sino que eso implica escucharnos y que esa escucha podría mejorar su gestión, no sólo desde un punto de vista inocente, sino que a veces podemos darles ventajas, permitirles ganar popularidad o votos sin perder tanto. Porque sin duda, corrupción aparte, un político municipal sin un proyecto de ciudad muy claro está perdido frente a las presiones brutales del mercado, de los promotores, que sí tienen un modelo claro: enriquecerse a cualquier precio. A nuestros políticos les da igual la desertización, la noticia de que este país va a sufrir más agudamente el cambio climático, ellos siguen su política de “toma el dinero y corre”
Y las secuencias que en su batalla fueron teniendo son las mismas de toda lucha vecinal:
“En el distrito, las autoridades nos trataron con desprecio y sonrisas desdeñosas, a pesar de las mil firmas. ¿Es que no sabéis que la Constitución protege la propiedad privada? No tenéis nada que hacer… Nos fuimos de allí rabiosas y radicalizadas.”
Sant Gervasi es aún un pequeño pueblo en el que no se ha impuesto la anomia ni el anonimato propio de la gran ciudad. Dispone aún de un tejido urbano, gente que se conoce y se saluda, que habla de las cosas pequeñas sin desdeñar las grandes. Como decía un blogger en ese rico intercambio que se desarrolló entorno al azufaifo, “hoy, en la ciudad, hablar con el vecino es casi un acto revolucionario. Saludar a quien comparte la parada del autobús parece un acto antisocial”
El voluntarismo y la suerte de encontrar cómplices en la lucha comenzó a redefinir el pulso entre “la calle” y “la administración”:
“Se unió el librero de la calle Berlinès, y Borja Querol, un abogado amigo suyo preocupado por el patrimonio, y un ingeniero técnico agrícola, Xavier Argimon, y nuestros vecinos Lluís Maria Todó e Isaïes Fanlo, y yo empecé a escribir y a sembrarlo todo de emails. Escribí a Enrique Vila-Matas, que había vivido en esta calle, creyendo que no me haría caso”.
Una batalla en la que han asomado todos los “personajes” formales e informales de la administración. Desde la política municipal responsable del tema, que va cambiando según percibe la rentabilidad electoral por el cariz que va tomando la opinión pública, hasta el bocaza de turno de la asociación al servicio de quien manda:
“El presidente de una asociación del barrio, cuando le llamé pidiéndole ayuda para conseguir en la Festa del Ginjoler la electricidad que el Ayuntamiento nos negaba, me dijo que no me colgaba el teléfono porque antes le habían llamado de la Associació de Veïns, pero que nuestra actitud le parecía equivocada, ¿cómo nos atrevíamos dos personas físicas a pedir permiso para hacer una fiesta en la calle? No le extrañaba que el Distrito nos la negara, ¿no sabía yo que a ellos les daban toda la electricidad que querían? Yo no daba crédito a mis oídos. Luego me dijeron que ese señor desaprueba toda reivindicación que no tenga intereses pecuniarios. Vivir para ver Es curioso de todas formas el desprecio profundo que encuentro en algunas instituciones hacia una iniciativa que sólo puede ser buena para el barrio …”
Al final, como siempre, cuando los medios de comunicación apoyaron la iniciativa de los vecinos, todo cambió:
Y vinieron las cámaras de Josep Cuní, de TV3, nos filmaron al pie del azufaifo y a partir de entonces todo cambió. Los funcionarios del distrito ya no nos trataban con desdén. Y empezaron a venir todas las televisiones y radios
Tras la tensa batalla vino la amnistía del azufaifo, la promesa de “equipamiento”,…. y la Festa del Ginjoler
Si esto ha pasado en la parte alta de Barcelona, Sant Gervasi, en la calle donde nació el actual alcelde Hereu, con las firmas en apoyo del árbol de los padres del alcalde, con artículos en la prensa de Oriol Bohigas, Pi de Cabanyes,… en un sustrato cultural de gran calado,… ¿qué pasará en la periferia de la “guapa” Barcelona en donde brilla,a más, el analfabetismo cultural y funcional, y sin los educados modos aprendidos en finas sábanas y limpios manteles?
Nos alegramos de la batalla del azufaifo/ginjoler de Arimon, 7; y nos preucupamos hoy aún más por el futuro de otros elementos culturales de la ciudad destinados a la guillotina por la especulación imperante y la complicidad de los políticos.
Como alguien dijo: “Este pequeño triunfo es, en buena medida, el triunfo de una forma de vida”





Lunes, 1 de Octubre de 2007 a las 12:53.
Gracias!!!!
Lunes, 1 de Octubre de 2007 a las 12:53.
De todas formas es curioso que salgan todos los nombres menos el mío, cuando fui yo la que inició esa campaña del azufaifo, aunque conseguí la ayuda de muchos. ¿Es por alguna razón? I.N.
Lunes, 1 de Octubre de 2007 a las 12:53.
Isabel ,
Gracias a ti el Azufaifo vivió , el arbol del amor es ahora tu enseña . Hacemos muchas cosas y a veces no nos la saben agradecer . Pero en tu interior está la verdadera esencia , la verdadera savia .
Josep