LA FÀBRICA DE CAN RICART – ¿Qué significa Cultura ?

Lluís Estrada con otros asistentes al Forum Ribera Besòs

Texto: Lluís Estrada
Fotos: José Francisco Marín

Recientemente he sabido que ha empezado el derribo de algunas de la naves del recinto fabril de Can Ricart.
Independientemente del procedimiento de cualificación todaviá en curso, causa sorpresa y rechazo, el ver que solamente se van a preservar los edificios y elementos del recinto que posean valor arquitectònico, esta decisión nos conduce a una desmirriada percepción. …….

Si se entiende solamente como valor arquitectònico de un recinto fabril singular, aquellos elementos que merecen calidad estètica o reconocimiento de l’autoria de los arquitectos que los proyectaron, mal anda en este caso la interpretación “formal” que se da a la idea de “valor cultural”, puesto que no se tiene en cuenta la riqueza de la racionalidad armónica y funcional del conjunto histórico de esta fàbrica; és decir, una expresión de un conjunto fabril de 150 años que refleja el paso de unas formas de producción artesanales y semi artesanales del pasado catalán, a la gran fàbrica que representa la entrada a la modernidad industrial del País.

La totalidad del conjunto de Can Ricart nos ofrece la imagen de la “cultura del trabajo” y su evolución en compleja interacción con la economía, el dinamismo social, las tecnologias, la ciencia e incluso en su relación con el urbanismo en la vertebración del espacio espacio urbano. Así mismo la acción del trabajo determinó el enriquecimiento y el poder de una burgesía industrial catalana, cuya expresión la vemos incluso reflejada en el modernismo catalán. Conviene precisar que cuando decimos cultura del trabajo, no nos referimos solamente a lo que afecta a una clase social determinada, sinó al quehacer de un pueblo que genera recursos para la vida del país.

Por otra parte y sin negar el valor simbólico e identitario que esta fàbrica representa para el barrio del Poblenou, el contenido y sus 150 años de historia, también constituyen un documento de importante potencialidad didáctica. En ese sentido el recorrido y la interpretación del recinto de Can Ricart en la comlejidad de avatares, situaciones, cambios tecnològicos, retos y cambios de usos y de estructuras empresariales que en su interior han tenido lugar, viene a ser como un magnífico libro comprensible para todo el mundo, situado a “peu de carrer”, el cual nos permite extrapolar y entender una buena parte de la trayectoria de todo el país.

Manifestación en la presentación del Pla Estratègic de Cultura del Ajuntament de Barcelona, diciembre 2006

Como imagen contrapuesta a esta possibilidad llama la atención que entre las naves condenadas a la demolición, parece que se encuentra parte de las que en su momento fueron las centrales energéticas, es decir la de las calderas y la de las màquinas de vapor, así como también elementos significativos de la infraestructura subterrànea de estas instalaciones..

No debemos de perder de vista que si se considera adecuadamente el conjunto de Can Ricart, “no constituiría un museo de si mismo” como si se tratase de una restringida historia de la propia fàbrica; sino al contrario, ya que no se debe olvidar que la interpretación de su trayectoria constituye en su mayor parte el reflejo de la trayectoria de la vida social y económica del país.

Un mejor aprovechamiento todavía tendría el recinto de Can Ricart, si en él se crease un Museu del Treball de Catalunya vinculado a un Centre de Documentació i Investigació del Treball.

Barcelona noviembre de 2007

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